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martes, 22 de octubre de 2013

ALGUNAS IMPRESIONES SOCIALES Y POLÍTICAS SOBRE PORTUGAL




Para el que no sepa, este curso estoy de Erasmus en Lisboa, capital de nuestro país vecino, Portugal. Un país al que no siempre prestamos toda la atención deseable para estar tan próximos a ellos como lo estamos.

A continuación, voy a presentar una serie de reflexiones que me han ido viniendo a la cabeza sobre ciertos aspectos sociales y políticos de Portugal. Allí donde voy me gusta observar aquello que me rodea, e intentar analizarlo y comprenderlo. Es preciso decir que no me apoyo en ningún tipo de argumento científico o empírico, sino en la mera observación durante el escaso mes y medio que hace que vivo aquí. Por esta misma razón, aprovecho para fomentar el debate, y todo aquel que conozca más que yo sobre lo que a continuación comento, que no será muy difícil, aporte sus conocimientos y opiniones.

En primer lugar, se puede observar que la brecha social en la sociedad portuguesa es más acentuada que la española. Si bien la tasa de paro es menor, los ejemplos de exclusión social en las calles de la capital lusa son patentes. La mendicidad es alta, y el trapicheo de droga en ciertas calles es imposible de ignorar. Así mismo, quizá me confunda y sea solo estética, pero las clases altas son más tangibles y el contraste es mayor a simple vista. Por ejemplo, en España, obviamente la clase trabajadora no acostumbra a realizar sus compras en El Corte Inglés, pero no resulta extraño si entras en él encontrarte una gama social más o menos heterogénea, los cuales pueden buscar una u otra cosa. Aquí, al menos la experiencia que he tenido es que tú entras a El Corte Inglés y es un lugar netamente pijo, donde verás a sus señoras con sus perlitas y a sus señores con sus americanas.

Así mismo, lo dicho corrobora el hecho de que la brecha salarial entre los que más cobran y los que menos es mucho más acentuada, recordemos que aquí el salario mínimo ronda los cuatrocientos euros y pico, a lo que habría que añadir que en algunos productos de consumo corriente el nivel de precios es parecido, por tanto, existe menos poder adquisitivo.

Por otro lado, en cuanto a la composición social de los trabajadores, me ha llamado la atención la alta prevalencia de población negra portuguesa, es decir, no inmigrante, en los trabajos de menor cualificación, como cocineras, limpiadoras, cajeras, restauración, etc., en el caso de las mujeres, si bien por lo que he observado en el caso de los hombres en trabajos como montador, construcción, etc., esta presencia negra tan notoria es menor.

Esto concuerda con los pocos estudiantes universitarios de raza negra que he observado (no se si será que justo he entrado a las facultades donde no hay), siendo la juventud de raza negra un sector social que tiende a incorporarse más temprano al mercado de trabajo y en unas condiciones más precarias.

Otra cosa que no se si estaré en lo cierto pero me pareció percibirlo así en una escena que presencié, es que se ejerce discrinación más en clave nacional, nacionalista, y no tanto racial. Es decir, a un negro no se le dice “negro de mierda” en clave xenófoba si este es portugués, pero a un trabajador del este de Europa sí que puede ser mirado como un “roba trabajo” o un extranjero en clave discriminatoria.

Entrando ahora más en cuestiones políticas, el mapa político portugués presenta ostensibles diferencias con el panorama español. Si observamos al sur, encontraremos una mancha roja, sobre toda en regiones como Beja, Évora o Setúbal, donde el PCP puede incluso obtener victorias contundentes. Sin embargo el calado de la izquierda anticapitalista en el norte es notoriamente más reducida. Si nos fijamos, en España, nunca ha habido regiones claramente dominadas por un partido de netamente de izquierdas (PCE antes o IU ahora) fuera de los dos grandes partidos del régimen, con la excepción de la ciudad de Córdoba (lo cual ya es historia). Sin embargo, las características de las regiones que he citado y, por ejemplo, Extremadura, son muy similares: regiones muy agrarias, pero de suelos pobres, con mayor subdesarrollo que el resto del país. Sin embargo, aquí en Portugal supieron crear esa conciencia de lo común y lo colectivo, identificada en un proyecto político anticapitalista, y son regiones muy marcadas por ello. Eso en España no está. Según mi profesor de Organizational Behavior, cree que tiene que ver con que esa población durante el S. XX, en España tuvo una fuerte influencia de la religión, y en estas regiones de Portugal no, lo cual facilitó la elevación de la conciencia y la lucha. Así mismo, que en el norte no haya algún foco rojo se debe a que, aunque el nivel de vida es mayor, no existe una industria fuerte, por lo que es difícil que se den núcleos obreros importantes, y más difícil aun de unas décadas a esta parte, con el cambio en las estructuras económicas de los países del sur de Europa que venimos observando.

Entrando a hablar más en concreto sobre el PCP, lo primero decir que el protagonismo que tiene en la vida cotidiana, en la prensa, etc. es mucho mayor que el del PCE. Las siglas CDU con las que se presenta a las elecciones son solo eso, siglas, luego actúa como PCP. Es decir, CDU e IU son cosas y proyectos completamente distintos. Los recorridos históricos de cada partido lo explican y nos hacen fácil comprenderlo. El PCP es un partido que tiene mucha familiaridad con la institución, pero posee una fortaleza ideológica mucho mayor que la nuestro PC, lo cual hace del institucionalismo una amenaza mucho menor. De hecho, pienso que el papel tan distinto que jugaron PCP y PCE en sus procesos post-dictadura (Claveles y Transición, los cuales muy diferentes entre ellos también) hace que el modo con el que mirar la institución o la actividad externa en general varíe bastante. Así mismo, el PCP tiene una capacidad de convocatoria por sí solo considerable, aunque esto lo preferiré corroborar en un mitin que hay a principios de noviembre por el centenario de Cunhal.

En cuanto a la JCP, como a muchos militantes de la UJCE, nos despista bastante su falta de intervención en la universidad. De hecho, se puede decir que no existe movimiento estudiantil en las universidades, al menos lisboetas. Siendo sinceros, más allá de su visibilización a través de murales bastante guapos, no me creo con criterio suficiente como para poder hacer ningún tipo de juicio.

En cuanto a otros actores políticos, prestar atención principal al movimiento “Que se lixe a Troika” del cual comprobaré la capacidad de convocatoria que tiene en la manifestación de este sábado. Algunos movimientos culturales alternativos como Mob-Espaço asociativo (algo así como La Pantera Rossa), se mueven más en torno a este movimiento que en cuanto a organizaciones, por lo tanto intuyo que en eso no difiere mucho de España. Por otro lado tenemos al Bloco de Esquerdas, cuyos jóvenes sí se dejaron ver un poco más por la uni, pero se llevaron una batacazo estrepitoso en las elecciones autárquicas –similares a las locales-  de este 29 de septiembre, tras ser un partido que entró con fuerza en la escena hace no muchos años. Es un partido creo que enfocado sobre todo a jóvenes estudiantes urbanos de izquierdas, y pese al fracaso de estas autárquicas, según leo en la prensa portuguesa, puede que no signifique su muerte, pues en próximas elecciones como las europeas que se vota en clave nacional pueden recuperarse, pues en las autárquicas un partido relativamente nuevo no tiene la misma reputación, pues he creído percibir en los artículos que he leído, la existencia de una cultura política municipalista más desarrollada aquí en Portugal.

De momento esto es todo, y aun me he extendido más de lo que creía. Probablemente haya errado el tiro en algunas apreciaciones, por lo que se recibirán con agradecimiento las aportaciones, debates y puntos de vista distintos a lo que he escrito. El objetivo no es sino conocer mejor a este “hermano pequeño” que tenemos los ciudadanos del Estado español, con los que vivimos ciertamente más de espaldas de lo que debiéramos, pues la unión de los pueblos de la península podría ser un salto importante para plantar cara a la Troika y sus secuaces.

Besos y abrazos desde Lisboa al que lea esto.



viernes, 31 de agosto de 2012

Materialismo histórico




El hombre aparece en la historia como un animal peculiar, está claro que no somos iguales que los demás, nosotros podemos llegar a niveles de retención de información, de organización, de producción de alimentos, de dominio del medio que nos rodea mucho más elevados que el de nuestros competidores mas subdesarrollados. Esto no es debido a que seamos la especie elegida por la Deidad X para dominar el mundo, sino debido a un complejo proceso de evolución que nos ha hecho ser como somos ahora. Si viajamos a las primitivas comunidades de humanos, podremos ver que éstos (al igual que ahora) tienen una debilidad que les diferencia de otras especies, y es su total y absoluta vulnerabilidad en los primeros años de vida. Esta debilidad congénita de nuestra especie, unido a otras muchas (no tenemos alas para volar y huir de los depredadores, no tenemos coraza, ni pelo que nos proteja del frio, no somos excesivamente grandes o poderosos) nos ha convertido en animales sociales, es decir, en “ser social”. Necesitamos la cooperación entre nosotros para poder sobrevivir a un mundo hostil. Pero así como tenemos debilidades tenemos también fortalezas, el lenguaje desarrollado nos permitió el aprendizaje y la posterior producción de ideas y pensamientos. Lo que nos distingue de los animales primitivos, a parte de nuestra producción de herramientas complejas, es que ellos, cogen alimentos de forma instintiva, mientras que nosotros los producimos con arreglo a un plan, que a su vez, ha sido elaborado por un conjunto de experiencias y conocimientos de nuestros antepasados.

Como hemos dicho, el hombre, se organiza y vive en sociedad, debido a sus debilidades naturales y a la posibilidad que tiene de hacerlo, pero hay que decir también, que para vivir en sociedad, hay que producir los bienes y servicios necesarios que alimenten, vistan y protejan a esta sociedad, o sea, tiene que existir una producción social. La producción social serán todos aquellos bienes y servicios que una determinada comunidad humana pueda crear u ofrecer a sus miembros gracias al trabajo colectivo de los mismos. Esta producción social se puede organizar de muchas formas, puede estar fundamentada de una u otra manera, y dependerá en gran medida del entorno natural en el que se habite. Así que lo que tenemos es una sociedad humana que crea bienes y servicios y que se organiza socialmente de una forma determinada. ¿Pero existe algún tipo de relación entre la forma que tienen los hombres de producir bienes y servicios y de organizarse socialmente? Evidentemente que si, una cosa va ligada con la otra. El materialismo histórico nos dice que el modo en que los hombres produzcan sus bienes y servicios determinará en “última instancia” su organización social-política. Antes que nada, aclaremos esta frase con un ejemplo: “la forma en que los hombres cultiven, los medios con que lo hagan, la organización que utilicen, la forma de distribución del trabajo...etc. determinará “en última instancia” que en esa sociedad haya una organización jerarquica-política-social determinada”. De todos modos, veamos como expresa esta idea uno de sus primeros enunciantes, o sea, Federico Engels:

“El desarrollo político, jurídico, filosófico, religioso, literario, artístico…etc. (Superestructura) descansa en el desarrollo económico (Infraestructura). Pero todos ellos repercuten también los unos sobre los otros y…sobre la base de la necesidad económica, que se impone siempre, en última instancia”

¡Genial la explicación de Engels de lo que es el materialismo histórico marxista, distinto del semi-materialismo de Feuerbach! Fijaros como Engels define la organización social de la comunidad humana, describe algunas de sus partes integrantes (política, derecho, filosofía, religión, literatura, arte…etc.), todo esto, según Engels, viene determinado en una sociedad (“en última instancia”) por la base económica, o como él dice, por la “necesidad económica”. Ahora bien, es de un cretinismo económico supino quedarse con esta definición que acabo de hacer, ya que el propio Engels la complementa diciendo que todas estas partes de la superestructura (como llamamos a la organización social de una comunidad humana) se complementan también entre sí, o sea, que las leyes de la sociedad influencian a la política, la política al arte, la literatura a las leyes y a la política…etc. Pero esto no entra en contradicción con que a fin de cuentas y en última instancia, lo que se “imponga” sean las necesidades económicas, o sea, la infraestructura (que es como llamamos a la producción social de una comunidad). Hay que añadir a todo esto una precisión, y es la siguiente. Cuando decimos infraestructura no solo nos estamos refiriendo al nivel tecnológico que los medios de producción tengan en una sociedad, o a la cantidad de herramientas que ésta pueda producir, sino que también nos referimos a las relaciones que los hombres necesariamente han de tener en estas condiciones de producción (las relaciones de producción), o sea, si la sociedad se fundamenta en la agricultura feudal, los hombres se relacionan de cierta forma, si se fundamenta en la industria pesada del siglo XX, se relacionaran de otra, y sus posiciones frente a la propiedad de los medios de producción serán distintas.

En las sociedades antiguas, basadas en el comunismo-primitivo (que describe Engels en su obra sobre la familia y el estado) no existía el excedente social, no había abundancia de bienes, y las economías estaban basadas en la subsistencia. Con la mejora de la producción social y la modernización de las relaciones de producción fue apareciendo este excedente, que permitió la apropiación del mismo y la aparición de otras formas de organización social (la esclavitud de unas sociedades por otras…etc.). De igual forma, el maquinismo industrial y la revolución mundial que supuso el vapor en la producción, cambió el modo manufacturero de la industria y desplazó al artesano y al profesional de la producción, proletarizándolo, a esta situación, también le acompañó un cambio socio-político. Con estos ejemplos vemos que el desarrollo de la base-infraestructura determina la superestructura.

Para finalizar nuestro pequeño resumen de lo que significa el materialismo histórico marxista, vamos a hablar del determinismo histórico. ¿Qué es lo que mueve la historia de la humanidad? Como hemos visto, la producción material y las relaciones de producción que van ligadas a esta determinan en última instancia la organización política-social. Sabiendo esto como lo sabemos, podemos decir que la conciencia social (las ideas de una sociedad) también irán determinadas por la existencia social (por la forma que tienen los individuos de vivir y relacionarse). Esta concepción materialista de la historia choca con el idealismo liberal de “ideas y hombres buenos o malos”, es decir, todos los cambios históricos tienen su fundamento, su explicación científica. Volvamos a recurrir a Engels para que nos lo explique:

“las causas últimas de todas las modificaciones sociales y las subversiones políticas no deben buscarse en la cabeza de los hombres, en su creciente comprensión de la verdad y de la justicia eterna, sino en las transformaciones de los modos de producción y de intercambio; no hay que buscarlos en la filosofía, sino en la economía de la época en que se trate”.

Vuelve Engels a insistir en el materialismo histórico para explicar las “modificaciones sociales y las subversiones políticas”, que no son otra cosa que la lucha de clases en la historia. Engels, sin embargo, vuelve a echar mano de la expresión “las causas últimas” para explicarse. ¿Por qué hace esto en esta ocasión? Algún liberal malintencionado podría pensar que lo hace para cubrir su retirada en caso de crítica, pero no es así, lo hace porque Engels (como Marx) no conciben el materialismo como algo cerrado, cierto e inmutable. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que los hombres están influenciados por las circunstancias materiales en las que viven, pero esto no les impide tomar sus propias decisiones y marcar su destino dentro de este margen de actuación que la infraestructura les deja. Esta forma de concebir el materialismo permite explicar el hecho que las convulsiones sociales hayan terminado de una forma o de otra en diferentes lugares y en diferentes épocas.

El marxismo no dice: “El modo de producción socialista es inevitable, debido a que las contradicciones del capitalismo lo harán caer por su propio peso”, sinó que dice que “El capitalismo inevitablemente caerá, ahora bien, o existe una clase y una dirección revolucionaria que nos conduzca al socialismo, o acabaremos en la barbarie”. El materialismo histórico anticipa la victoria del socialismo, pues explica que las condiciones para su desarrollo van a llegar, si no han llegado ya, pero no asegura su triunfo, ya que para ello, son los hombres los que han de dirigirse conscientemente hacia él. De ahí la frase de Rosa Luxemburgo: ¡Socialismo o Barbarie!