sábado, 23 de noviembre de 2013

El fenómeno Pablo Iglesias y algunos comunistas españoles





 Si os habéis fijado bien, en la televisión (ese aparato ideológico del poder dominante) ha aparecido últimamente una voz muy distinta a las que se llevan oyendo desde hace años. Esta voz es la del profesor de la Universidad Complutense Pablo Iglesias Turrión, conocido por ser el presentador de la Tuerka y por ser, el que en palabras del Nega, lleva “corbata roja y miradas libidinosas”. Su presencia ha revolucionado las tertulias políticas del régimen del 78, hasta tal punto que este modesto estudiante catalán jamás había visto a Isabel San Sebastián o a Eduardo Inda tan impotentes y nerviosos. 

El estilo de Pablo Iglesias consiste en aparcar conceptos incomprensibles del marxismo para las masas, palabras que la gente no entendería (plusvalía, tasa de ganancia, acumulación primitiva, estado burgués…etc.) y substituirlas por otras más cercanas a los/as trabajadores (ladrones, los ricos, no poder llenar la nevera, maletines…etc.). Pablo trata de disputar conceptos como democracia y patria a la burguesía, conceptos agregadores si los hay, y que pueden  y deben ser arrebatados a nuestros enemigos de clase. ¿Es esta estrategia correcta? Bueno, es un debate interesante sobre el que me gustaría aportar mi granito de arena.

Antes que nada tenemos que tratar de ver en qué situación estamos los /as comunistas en España, tenemos que ver que prestigio tiene nuestro discurso entre los/as trabajadores. No sería exagerado decir que el pensamiento comunista está fuertemente vilipendiado en España, hemos sufrido y sufrimos todo tipo de mordazas y persecuciones, reales y mediáticas contra nuestras ideas. Aún hay mucha gente que piensa que los comunistas han matado a 20, 30, 50, o 100 millones de personas en la historia, piensan que queremos quitarles las casas y sus bienes, piensan que somos una especie de monstruos come niños que quemamos iglesias y que queremos perturbar sus vidas. Ante esta situación, al presentarnos a alguien como un/una comunista, activamos una especie de botón en su cerebro que le dice: ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Gulags! ¡Cuba! ¡100 millones de muertos! ¡Paracuellos!

Como podréis ver, no es un panorama muy halagüeño. ¿Significa esto que con un poco de tiempo y una cabeza mínimamente dispuesta a escucharnos no podríamos convencer a alguien? Evidentemente que no, pero cuando estamos en la TV, ante millones de espectadores, con un contexto mediático y con un formato de debate que está preparado para hundirnos y saltarnos al cuello al tratar de defender nuestros discursos más ortodoxos, no podemos comportarnos como si estuviéramos con un colega en el bar. Alguno podría argumentar de esta manera: “¿Pero es que a caso tenemos que esconder nuestras ideas?” Hablar de forma que la gente nos entienda no significa esconder nuestras ideas, disputar conceptos como democracia a la burguesía y sus escribientes no es abandonar nuestras ideas.

Yo no quiero que España tenga a los comunistas más auténticos y mas formados de Europa en dialéctica y teorías de la plusvalía, yo lo que quiero es que en España tengamos la posibilidad de tomar el poder, de tener a las masas de nuestro lado, de que el pueblo confíe en nosotros y en mi modesta opinión Pablo está colaborando a que esto algún día se produzca.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Plusvalía feminista



El marxismo es fundamentalmente un método de análisis/transformación de la sociedad capitalista, por tanto, no se ha de basar en describir los problemas, sino también en plantear las soluciones. Marx comprendió esta cuestión al escribir su undécima tesis sobre Feuerbach: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo". En este blog tratamos humildemente de contribuir a esta transformación, y para ello vamos a hablar de la plusvalía, pero desde un punto de vista un poco distinto. Intentaremos no dar por sabido nada, así que haremos una descripción de la visión clásica de la plusvalía, y posteriormente, le daremos esa otra visión de la que hemos hablado.

Plusvalía:

Imaginemos a un hombre, un hombre que posee dinero, mucho dinero. Nuestro hombre no desea mantener este dinero ocioso, sin movimiento, pues se da cuenta de que el flujo de dinero en el capitalismo es susceptible de generar aún más dinero. En esta disyuntiva, nuestro amigo se plantea abrir un negocio, un negocio que se va a dedicar a la fabricación y venta de sillas. ¿Por qué sillas? Bueno, después de un minucioso análisis en el mercado ha observado que existe una demanda solvente de sillas y el está dispuesto a satisfacer esta demanda (aunque no sea este su objetivo primario). En el capitalismo cuando un mercado tiene una demanda solvente atrae a los capitales hacia él, esto solo ocurre cuando la demanda es solvente, es decir, cuando se puede obtener beneficio de la satisfacción de esta necesidad latente.

Pero sigamos con nuestro hombre que  ya se ha decidido a emprender el negocio de fabricación y venta de sillas. Lo primero que nuestro hombre se pregunta es: -¿Qué necesito para emprender mi negocio?- Bueno, tiene dinero y una idea de negocio, que es bastante importante. Pero el dinero y las ideas, por si solas, no hacen sillas, así que se da cuenta que necesita materiales, madera, locales, clavos, martillos…etc. –Ahora sí que puedo comenzar- piensa nuestro buen capitalista. Pero existe un problema añadido, que tampoco los maderos y clavos se unen solos, como por arte de magia, así que decide contratar a unos hombres y mujeres que se encargarán de fabricar las sillas.

Estos hombres y mujeres van unidos a algo que Marx llamaba “fuerza de trabajo”, que es lo que el capitalista necesita para que las sillas empiecen a salir. ¿Cómo puede el capitalista convencer a estos hombres y mujeres para que trabajen para él? No le será muy complicado, puesto que a diferencia de él, los proletarios (que así se llaman estos hombres y mujeres) no disponen de tanto dinero como para no tener que trabajar. 

Resumiendo. Nuestro capitalista ya tiene todo lo que necesita: materiales y máquinas para hacer las sillas (capital constante) y hombres y mujeres que pondrán estos materiales en común (capital variable). En la mente de nuestro capitalista aparece constantemente la siguiente fórmula:

D-M-D’

Esta fórmula indica que si el invierte 10 millones de € (D) en comprar capital constante y variable (M), finalmente obtendrá en el mercado 15 millones de euros (D’). Su producción solo se realiza en tanto que puede obtener una rentabilidad del dinero invertido, en el momento que D’

Las sillas ya salen normalmente, y nuestro capitalista las vende a 15€ la unidad. ¿Por qué a 15€ y no a 200€? Aquí intervienen muchas cuestiones, pero lo primero que nuestro capitalista piensa es -¿Cuánto me cuesta fabricar cada unidad?-. El capitalista calcula que cada silla le cuesta 5€ en concepto de madera, clavos, pegamento, pintura, es decir, en concepto de capital constante, y que le cuesta otros 5€ en sueldos de trabajadores. Por tanto, deduce que la silla le cuesta unos 10€. Si nuestro amigo quiere seguir ganando dinero sabe que tiene que vender esta silla a mas de 10€, porque nadie monta un negocio para perder dinero. Así que finalmente el precio que pondrá dependerá de la oferta y la demanda, de la competencia que tenga en el mercado, pero jamás podrá bajar de sus costes de fabricación, puesto que de ser así, tendrá que cerrar.

Pero un segundo. Y aquí está el quid de la cuestión. Hemos dicho que la silla le cuesta 10€ y que la vende por 15€. ¿De dónde salen esos 5€ de beneficio? ¿En qué momento se han producido? Bueno, parece claro que se han producido en el proceso de fabricación, es decir, en el proceso de valorización. ¿Qué es lo que ha dado valor a esos materiales? ¿Qué es lo que ha convertido un puñado de clavos y maderos en una preciosa y reluciente silla capaz de ser apreciada en el mercado? La fuerza de trabajo. Es decir, el valor de la silla ha sido producido íntegramente gracias al trabajador, que ha sido quien la ha construido. Es cierto que el empresario ha jugado un importante papel en la fábrica, puesto que ha sido él quien ha tenido la idea y quien ha hecho la inversión, pero en el proceso de generación de valor (a la hora de fabricar la silla) el no ha aparecido por allí.

Pero volvamos a los costes de producción. ¿Qué significa coste de producción? Significa desgaste de algo. Cuando golpeamos los clavos con un martillo, este martillo ya está empezando a morir, es decir, está siendo desgastado, y el empresario tendrá que añadir este coste de desgaste en la silla para que el día de mañana, cuando sea necesario un martillo nuevo éste pueda ser adquirido. Pasa exactamente lo mismo con la fuerza de trabajo. Un hombre o mujer que dedica 10 horas o 12 horas del día a hacer sillas se está desgastando 10 horas o 12 horas al día. El empresario tiene que garantizar que este obrero se recupere, que tenga medios de subsistir y pueda volver a la fábrica el día siguiente sin desmayarse. Es decir, el empresario tiene que reproducir la fuerza de trabajo gastada por sus obreros, y lo hace con un salario, que servirá a estos obreros para comprar comida, pagar el alquiler, el agua, la luz…etc.

La cuestión reside en lo siguiente. ¿El salario que recibe el obrero es el fruto íntegro de lo que ha aportado? Vamos a intentar responder negativamente a esto. Recordemos que el capitalista obtiene el beneficio del trabajo del obrero, es decir, que los 5€ (15€-10€) son generados por el obrero, así pues, si vemos que el obrero solo recibe 5€ por silla es fácil deducir que no está recibiendo el fruto íntegro de su trabajo. Si el obrero recibiera los 5€ de su sueldo y los 5€ de plusvalía que ha generado su trabajo, el empresario no se quedaría con nada y su empresa tendría que cerrar. Así pues, vemos que el salario del obrero no reproduce íntegramente su desgaste diario. Es más, el empresario únicamente gana dinero en tanto que puede seguir manteniendo este estado de cosas.

Los patronos conocen perfectamente donde reside su beneficio. ¿Por qué sino estarían bajando los sueldos de sus obreros? Pues para reducir costes y quedarse con un mayor margen de plusvalía por silla, simplemente. ¿Por qué están alargando las jornadas y manteniendo los sueldos? Pues para pagar al obrero únicamente por 8 horas mientras el obrero le regala gratis 4 horas más. ¿Por qué los patronos no desean sindicatos? Pues para hacer libremente lo que quieran con los sueldos de sus trabajadores sin ninguna oposición. ¿Por qué se llevan las empresas a Bangladesh, China o Rumanía? Pues para pagar 300€ por obrero en vez de 1000€ por obrero y aumentar su ganancia por silla.

Punto de vista feminista:

El marxismo centra sus análisis en aquellos trabajos que cumplen con la centralidad teórica en el capitalismo, es decir, aquellos trabajos que son remunerados y que se hacen en relación de dependencia capital-trabajo. Para Marx el centro de la actividad y de la economía capitalista se debe de buscar en la fábrica, en el taller, en la empresa capitalista moderna y probablemente no le falte razón, pero a menudo los marxistas olvidamos el papel del trabajo doméstico no remunerado. El trabajo doméstico no remunerado está fundamentalmente vinculado a la mujer obrera, (decimos obrera porque la mujer burguesa suele mercantilizar este trabajo doméstico a otras mujeres obreras) y tiene un papel trascendental en la economía capitalista, por lo menos, tan trascendental como el trabajo productor. El trabajo doméstico es un trabajo reproductor, es decir, su objetivo es reproducir la fuerza de trabajo de aquel que lo realiza o de aquel que lo disfruta.

El obrero que llega a casa después de trabajar y se encuentra con la comida hecha, la ropa limpia, la casa ordenada y los niños cenados y en la cama, es un obrero que está disfrutando de un trabajo doméstico que ha realizado su compañera (compañera que probablemente también tiene un puesto de trabajo remunerado en el mercado). ¿No reproduce la fuerza de trabajo del obrero el trabajo de su compañera? ¿No se ha repuesto nuestro obrero al comer la comida hecha por su compañera? ¿No se ha reproducido su fuerza de trabajo al vestirse con la ropa planchada por su compañera? ¿No disfruta el obrero de una serie de cuidados afectivos si se pone enfermo por parte de su compañera? Por tanto, esto nos lleva a pensar lo siguiente:

El capitalista está disfrutando de un porcentaje de fuerza de trabajo reproducido no abonado, es decir, gratuito, es decir, expoliado, que se suma a la plusvalía que no paga al trabajador. 
Veamos lo que quiero decir con un ejemplo numérico:
 



1> VISIÓN MARXISTA (sin incorporar la visión feminista)

Jornada completa: se requieren 10h para reproducir la fuerza de trabajo gastada durante la producción de sillas.
 
El empresario paga la reproducción del sueldo, es decir, 5h, con lo que se queda con una plusvalía producida durante 5h adicionales.

El capitalista roba 5 horas.


 


2> VISIÓN MARXISTA (incorporando la visión feminista)

 Jornada completa: se requieren 15h para reproducir la fuerza de trabajo (las 5h de más son las que realiza la mujer para garantizar la reproducción física del minero, no contempladas antes)
 
El empresario sigue pagando 5h, con lo que se queda 5h del minero y 5h de la mujer del minero de forma gratuita.

El capitalista roba 10 horas



Vemos entonces como el capitalismo se sostiene por una doble explotación, la del trabajo asalariado remunerado y la del trabajo doméstico no remunerado. La mujer obrera está doblemente explotada, en tanto que mujer y en tanto que obrera, en tanto que es robada en su puesto de trabajo (plusvalía) y en tanto que mayormente es la que se ocupa del trabajo no remunerado que ayuda a reproducir la fuerza de trabajo suya y de su compañero. Por eso los marxistas somos feministas, porque reconocemos y repudiamos la explotación económica y patriarcal que sufre la mujer en las sociedades burguesas.

¡Abajo el capitalismo!

¡Abajo el patriarcado!

martes, 22 de octubre de 2013

ALGUNAS IMPRESIONES SOCIALES Y POLÍTICAS SOBRE PORTUGAL




Para el que no sepa, este curso estoy de Erasmus en Lisboa, capital de nuestro país vecino, Portugal. Un país al que no siempre prestamos toda la atención deseable para estar tan próximos a ellos como lo estamos.

A continuación, voy a presentar una serie de reflexiones que me han ido viniendo a la cabeza sobre ciertos aspectos sociales y políticos de Portugal. Allí donde voy me gusta observar aquello que me rodea, e intentar analizarlo y comprenderlo. Es preciso decir que no me apoyo en ningún tipo de argumento científico o empírico, sino en la mera observación durante el escaso mes y medio que hace que vivo aquí. Por esta misma razón, aprovecho para fomentar el debate, y todo aquel que conozca más que yo sobre lo que a continuación comento, que no será muy difícil, aporte sus conocimientos y opiniones.

En primer lugar, se puede observar que la brecha social en la sociedad portuguesa es más acentuada que la española. Si bien la tasa de paro es menor, los ejemplos de exclusión social en las calles de la capital lusa son patentes. La mendicidad es alta, y el trapicheo de droga en ciertas calles es imposible de ignorar. Así mismo, quizá me confunda y sea solo estética, pero las clases altas son más tangibles y el contraste es mayor a simple vista. Por ejemplo, en España, obviamente la clase trabajadora no acostumbra a realizar sus compras en El Corte Inglés, pero no resulta extraño si entras en él encontrarte una gama social más o menos heterogénea, los cuales pueden buscar una u otra cosa. Aquí, al menos la experiencia que he tenido es que tú entras a El Corte Inglés y es un lugar netamente pijo, donde verás a sus señoras con sus perlitas y a sus señores con sus americanas.

Así mismo, lo dicho corrobora el hecho de que la brecha salarial entre los que más cobran y los que menos es mucho más acentuada, recordemos que aquí el salario mínimo ronda los cuatrocientos euros y pico, a lo que habría que añadir que en algunos productos de consumo corriente el nivel de precios es parecido, por tanto, existe menos poder adquisitivo.

Por otro lado, en cuanto a la composición social de los trabajadores, me ha llamado la atención la alta prevalencia de población negra portuguesa, es decir, no inmigrante, en los trabajos de menor cualificación, como cocineras, limpiadoras, cajeras, restauración, etc., en el caso de las mujeres, si bien por lo que he observado en el caso de los hombres en trabajos como montador, construcción, etc., esta presencia negra tan notoria es menor.

Esto concuerda con los pocos estudiantes universitarios de raza negra que he observado (no se si será que justo he entrado a las facultades donde no hay), siendo la juventud de raza negra un sector social que tiende a incorporarse más temprano al mercado de trabajo y en unas condiciones más precarias.

Otra cosa que no se si estaré en lo cierto pero me pareció percibirlo así en una escena que presencié, es que se ejerce discrinación más en clave nacional, nacionalista, y no tanto racial. Es decir, a un negro no se le dice “negro de mierda” en clave xenófoba si este es portugués, pero a un trabajador del este de Europa sí que puede ser mirado como un “roba trabajo” o un extranjero en clave discriminatoria.

Entrando ahora más en cuestiones políticas, el mapa político portugués presenta ostensibles diferencias con el panorama español. Si observamos al sur, encontraremos una mancha roja, sobre toda en regiones como Beja, Évora o Setúbal, donde el PCP puede incluso obtener victorias contundentes. Sin embargo el calado de la izquierda anticapitalista en el norte es notoriamente más reducida. Si nos fijamos, en España, nunca ha habido regiones claramente dominadas por un partido de netamente de izquierdas (PCE antes o IU ahora) fuera de los dos grandes partidos del régimen, con la excepción de la ciudad de Córdoba (lo cual ya es historia). Sin embargo, las características de las regiones que he citado y, por ejemplo, Extremadura, son muy similares: regiones muy agrarias, pero de suelos pobres, con mayor subdesarrollo que el resto del país. Sin embargo, aquí en Portugal supieron crear esa conciencia de lo común y lo colectivo, identificada en un proyecto político anticapitalista, y son regiones muy marcadas por ello. Eso en España no está. Según mi profesor de Organizational Behavior, cree que tiene que ver con que esa población durante el S. XX, en España tuvo una fuerte influencia de la religión, y en estas regiones de Portugal no, lo cual facilitó la elevación de la conciencia y la lucha. Así mismo, que en el norte no haya algún foco rojo se debe a que, aunque el nivel de vida es mayor, no existe una industria fuerte, por lo que es difícil que se den núcleos obreros importantes, y más difícil aun de unas décadas a esta parte, con el cambio en las estructuras económicas de los países del sur de Europa que venimos observando.

Entrando a hablar más en concreto sobre el PCP, lo primero decir que el protagonismo que tiene en la vida cotidiana, en la prensa, etc. es mucho mayor que el del PCE. Las siglas CDU con las que se presenta a las elecciones son solo eso, siglas, luego actúa como PCP. Es decir, CDU e IU son cosas y proyectos completamente distintos. Los recorridos históricos de cada partido lo explican y nos hacen fácil comprenderlo. El PCP es un partido que tiene mucha familiaridad con la institución, pero posee una fortaleza ideológica mucho mayor que la nuestro PC, lo cual hace del institucionalismo una amenaza mucho menor. De hecho, pienso que el papel tan distinto que jugaron PCP y PCE en sus procesos post-dictadura (Claveles y Transición, los cuales muy diferentes entre ellos también) hace que el modo con el que mirar la institución o la actividad externa en general varíe bastante. Así mismo, el PCP tiene una capacidad de convocatoria por sí solo considerable, aunque esto lo preferiré corroborar en un mitin que hay a principios de noviembre por el centenario de Cunhal.

En cuanto a la JCP, como a muchos militantes de la UJCE, nos despista bastante su falta de intervención en la universidad. De hecho, se puede decir que no existe movimiento estudiantil en las universidades, al menos lisboetas. Siendo sinceros, más allá de su visibilización a través de murales bastante guapos, no me creo con criterio suficiente como para poder hacer ningún tipo de juicio.

En cuanto a otros actores políticos, prestar atención principal al movimiento “Que se lixe a Troika” del cual comprobaré la capacidad de convocatoria que tiene en la manifestación de este sábado. Algunos movimientos culturales alternativos como Mob-Espaço asociativo (algo así como La Pantera Rossa), se mueven más en torno a este movimiento que en cuanto a organizaciones, por lo tanto intuyo que en eso no difiere mucho de España. Por otro lado tenemos al Bloco de Esquerdas, cuyos jóvenes sí se dejaron ver un poco más por la uni, pero se llevaron una batacazo estrepitoso en las elecciones autárquicas –similares a las locales-  de este 29 de septiembre, tras ser un partido que entró con fuerza en la escena hace no muchos años. Es un partido creo que enfocado sobre todo a jóvenes estudiantes urbanos de izquierdas, y pese al fracaso de estas autárquicas, según leo en la prensa portuguesa, puede que no signifique su muerte, pues en próximas elecciones como las europeas que se vota en clave nacional pueden recuperarse, pues en las autárquicas un partido relativamente nuevo no tiene la misma reputación, pues he creído percibir en los artículos que he leído, la existencia de una cultura política municipalista más desarrollada aquí en Portugal.

De momento esto es todo, y aun me he extendido más de lo que creía. Probablemente haya errado el tiro en algunas apreciaciones, por lo que se recibirán con agradecimiento las aportaciones, debates y puntos de vista distintos a lo que he escrito. El objetivo no es sino conocer mejor a este “hermano pequeño” que tenemos los ciudadanos del Estado español, con los que vivimos ciertamente más de espaldas de lo que debiéramos, pues la unión de los pueblos de la península podría ser un salto importante para plantar cara a la Troika y sus secuaces.

Besos y abrazos desde Lisboa al que lea esto.